A Tomi Lago ya le hice una nota hace un par de años, para los amigos de Revista Urbe. Ahí lo presentaba como “profesor de boxeo, peronista militante, ex estudiante de Ciencia Política en la UBA, que produjo y programó ciclos en el Centro Cultural Simona y empezó a cantar en un bodegón con taxistas y policías.” Acababa de sacar su primer disco, El Consorcio, nominado a los Premios Gardel, y, desde ahí, tuve la suerte de escucharlo cantar en vivo varias veces. De aparecer sólamente en milongas y sucuchos tangueros, eventos de fechas patrias y acústicos en centros culturales, empezó a tocar con banda completa, eléctrica, y a hacer temas de Calamaro en lugares más cosmopolitas, pero sin dejar de frecuentar la esquina de Bulnes y Perón.

Ahora, lanzó Solo por hoy, su segundo disco de estudio, en el que la fusión del origen tanguero con el rock, el pop, el indie, el R&B y lo que se te ocurra brilla de maneras muy logradas. Pero nunca fue cantante de profesión: hace diez años trabajaba en Simona, y desde 2024 hasta acá, participó del proyecto de La Fábrica y abrió recientemente Biri Biri, que rápidamente se convirtió en uno de los nuevos bares de moda junto con dos o tres más que no hace falta ni que nombre.
Aprovechando todo esto, nos juntamos a charlar de nuevo sobre su música nueva y la noche porteña.
FC: Con el disco, lo que me salió pensar es que te diste cuenta de que no se puede hacer tango de la misma manera que se hacía después de Fito, Calamaro, Charly, el Flaco, que el tango no puede ser lo mismo. No sé cómo encarás el proceso de composición, o por qué ese viraje hacia otras músicas.
TL: Fue algo más intuitivo, no tan pensado. Yo, cuando compongo, arranco con la letra, y algunas letras se pueden hacer tango, algunas se pueden hacer tango y rock, y algunas solo se pueden hacer canción pop o rock. Entonces, en realidad, lo que hice fue no limitarme a la expectativa de lo que puede ser mi nicho de público. Pero también estoy atravesado por eso: por la edad que tengo, por los shows a los que fui. Empecé con una idea y la idea fue mutando, porque una cosa fue en su momento reivindicar los tangos clásicos, como si fuese una militancia musical de lo argentino, y eso después fue cambiando, así como fue cambiando la historia de la música en Buenos Aires, en Argentina en general.
El tango tampoco es uno solo, es un género de 100 años. Después de Piazzolla ya cambió. Pero tampoco podemos decir que el tango es la música popular de hoy en día: el tango es un nicho, que para muchas cosas está buenísimo y para otras es un nicho conservador. Para mí eso es la cultura. Tampoco creo en el concepto de apropiación cultural, creo que lo interesante de la cultura es justamente eso: que puede viajar, no solo en el sentido poético, obviamente existe una condición material. Nosotros tenemos influencias africanas pero no porque los africanos vinieron de vacaciones, sino porque fueron parte de un negocio de secuestrar gente y traer esclavos. Pero gracias a eso tenemos una raíz africana en casi toda la música americana, de norte a sur; y eso, para el ritmo, es fundamental.
Así como pasa eso, hay recursos musicales de todos lados, está todo mezclado, y lo importante me parece que es tratar de encontrar una singularidad en lo que cada uno hace, que no esté todo tan igual una cosa a la otra. Siento que hay sectores enteros: cuatro o cinco bandas que suenan de una manera, otras cuatro o cinco que suenan de otra —no voy a dar nombres— y está bueno que se distingan entre ellas, porque hay festivales donde empieza una banda y termina otra y no te das cuenta si no los mirás. Ahí está lo mío. Sé que quizás no es la fórmula del éxito, pero como yo al final trabajo en otras cosas, me puedo dar el gusto de hacer con la música lo que se me cante, sin pensarlo tanto.
FC: Hay algo de laburar en otra cosa y tener otra profesión, supongo, que tiene que ver con esto: siento que con este disco esquivaste la bala de convertirte en un cantor profesional de tango, que es un gran problema también para el tango contemporáneo. Irte a cantar a Suecia y a Japón, si tenés la voz para eso. Por supuesto que algún día lo harás, ojalá te llenes de plata, pero ¿sentís que activamente es algo que querés esquivar?
TL: Sí, en un momento cambié de opinión sobre ese tema. Eso que te decía empezó como una militancia medio patriótica, como «heredé el gen del tango», y después me bajé de esa egomanía narcisista de decir que soy el heredero de esto. No heredé nada: soy porteño, escucho esto y escucho lo otro también, y no tengo ninguna responsabilidad ni ningún mandato histórico, por decirlo así. En un momento era como «ahora hay que defender el tango y traer composiciones nuevas» —igual el disco tiene un tango nuevo, porque es parte de mí y no es que vaya a abandonar eso—, pero me dejé de comer ese flash. Terminé dándome cuenta de que eso no me satisfacía, sobre todo a la hora de tocar y de grabar; quería grabar y cantar otras cosas que no se cantan con un tango.
FC: Sí, igual esa herencia se nota en el disco, en esto que decías de que hay letras que pueden ser un tango y otras que pueden ser un rock o un rock pop. Se nota en la composición de las letras: los temas son más rockeros, aunque tranquilamente los podrías hacer tango si les cambiás el ritmo.
TL: Por eso. Esa impronta ya la tengo, ya está en mí porque me crié ahí, hice el oficio ahí. Está todo bien, es una cosa más, tampoco hay que darle tanta importancia. Lo importante es ser honesto en lo que uno hace: yo me creo lo que canto, entonces puedo usar lunfardo en una canción pop.
FC: Otra cosa que tiene el disco, me parece, es que es un disco de noche. Si bien tiene canciones más de día, es un disco bastante sobre la noche y sobre la vida nocturna. ¿De dónde sale eso?
TL: Ahí está el hilo conductor del disco: transita distintos géneros musicales, pero tiene un relato, una lírica nocturna, que está más del lado de la fricción entre vida y muerte, y de elegir la vida a pesar de los golpes, de los moretones, y de elegirla todos los días. Hay algo de eso. Lo escribí en un muy mal momento personal, y soy de la corriente que cree que uno escribe mejor cuanto peor está, sin irse a la mierda. Me parece que algo de eso pasó. Las letras están ahí, hay un hilo conductor, y creo que lo que más me costó —y por eso también tardé en sacarlo, más de un año y pico en grabarlo, componerlo, descartar temas, elegirlos y conectarlos— fue lograr sacar un disco conceptual. Un concepto barato, tranquilo, no es un concepto súper pretencioso, pero es conceptual.
FC: ¿Por qué «Solo por hoy»?
TL: Bueno, por esto que te digo: vivir en comunidad, con amigos, con pareja, con amores, trae enfrentarse con uno mismo todos los días y con las contradicciones que uno carga. Y me parece que «solo por hoy» es: solo por hoy me puedo hacer pelota, pero solo por hoy también me puedo cuidar; solo por hoy puedo elegir ser una buena persona; solo por hoy puedo priorizar estar más tranquilo, laburar más para tener más vida, o darle más espacio a otras cosas de la vida que también son importantes. Es como una lección de cada día, que no es lo mismo que decir «disfrutar el momento» o «vivir el presente»: «solo por hoy», porque al otro día te podés decidir por otra cosa, pero eso no significa que seamos personas sin historia ni sin expectativas.
FC: Sí, igual con esto que decís de una vida en comunidad y con gente que te quiere, noto dos cosas. Primero, que pareciera haber cierta responsabilidad en ese armado de comunidad; pero así como hay un sentido de responsabilidad, pareciera también que el lugar más fértil para esa comunidad, para esa vida, para eso de «solo por hoy me hago pelota», es la noche, y hay cierto despiole general que necesitás para tener esa vida. En el disco eso se nota como una carga: «tengo que hacer esto, y esto es pesado, pero lo elijo hoy porque es lo que tengo que hacer». ¿Cómo te llevás con eso, que siento que también dialoga con la responsabilidad de la herencia del tango: la responsabilidad de mantener viva la noche, la bohemia?
TL: Para mí la inspiración está ahí. Disfruto mucho el día, pero mi particularidad tiene que ver con laburar de noche hace mucho tiempo. Se puede ir a un festival de día, pero por algo las bandas buenas de un festival tocan después de las nueve de la noche; la mejor banda no toca a la una de la tarde. Las cosas se viven de otra manera, y después que cada cual elija el día, que también es hermoso, no quiero hablar mal del día. Pero en la noche se exponen virtudes y miserias de los seres humanos que son mucho más notables. Quizás tenga que ver con los consumos y las actividades que uno hace; tampoco es lo más normal entrenar de noche, aunque ahora hay gimnasios abiertos las 24 horas.
FC: Con esto de haber laburado de noche toda tu vida: vos hace diez años tenías un centro cultural, y ahora tenés una especie de centro cultural de nuevo. Ahí me interesan dos cosas: primero, una pequeña historia de Tomi Lago laburando de noche, y después, dentro de esa historia, qué diferencias notás entre la escena que estaba alrededor del centro cultural que tenías hace diez años y la de hoy.
TL: Hace diez años, por lo menos en mi historia personal, y creo que en la de gran parte de mi generación, ponerse a armar un centro cultural tenía que ver con una militancia partidaria asociada al peronismo. Por un lado eso, y por otro, captar algo de la escena que genuinamente crecía en esos años: la batalla de gallos, el freestyle, el rap, que no es una cultura que yo conozca verdaderamente, pero que sí estaba naciendo ahí. Creo que había dos cosas en ese momento: un proceso de crecimiento de toda esa cultura del trap, y por otro lado crecía también el indie, con bandas nuevas que pasaban por ahí, que salían por ese centro cultural. Cuando recién arrancaban, eh: en 2017 tocaron Catriel y Paco en Simona, con dos cajas y unas pistas, y al año y medio ya estaban haciendo Obras.
De fondo siempre había un propósito político partidario, que después de la decepción del albertismo se rompió y se atomizó mucho, y por lo menos dejó de ser partidario. Hago hincapié en lo partidario porque el que entra en política es difícil que deje de ver el mundo con ese prisma, teniendo en cuenta las corrientes sociales, antropológicas, políticas, económicas, lo que quieras. Yo eso no lo dejé de ver, pero sí abogaba por todo lo que sería el peronismo en ese momento.
Ahora la idea del Biri Biri es como un centro cultural recargado: tiene un sonido buenísimo, pero a la vez mantiene algo de lo trash del centro cultural. La idea es armar escena, y eso significa que toquen muchas bandas, música original; un poco a contracorriente de tanto bar, sala, piano bar o karaoke donde todo es homenaje y tributo. Yo sé que hay que laburar, y si hay que hacer un homenaje, ahí estaré para cantar una de los Redondos, no pasa nada, pero no puede ser eso lo principal para una propuesta de una sala de esta capacidad, que además tampoco hay muchas salas de 150 personas que encima sean relativamente económicas y accesibles.

El propósito es armar escena, y lo estamos logrando: están tocando casi dos o tres bandas todos los días, de martes a sábado, música original, hasta instrumental muchas veces. Hay un foco muy fuerte en la programación y en esa identidad musical, y eso genera una energía que después, los fines de semana, se arma fiesta con buena música en general. Y también se acercan artistas de otros gremios: del cine, del teatro, de la pintura, de las artes plásticas. Cuando se arma escena, lo que se da es una conjunción, en la nocturnidad, de distintos sectores de la sociedad que comparten algunos gustos, y entonces se cruza un académico con un actor, con un músico, y también con el espíritu de discutir el país. Se dan muchas discusiones en el Biri, muchas charlas sobre lo que cada cual se imagina de un país potable. Eso me parece fundamental, es la génesis de lo que después puede llegar a ser un partido: la música junta, porque tiene ese poder, y al juntarse gente de distintos sectores se arma como una imaginación de un país posible en el que queramos vivir. O puede ser parte de un diagnóstico —de lo mal que están las cosas, o de las pocas cosas que están bien—, pero seguir juntándose, verse en persona, salir de la pantalla un rato y disfrutar en comunidad, imaginarse escenarios posibles y avanzar en eso; y después, de día, organizarse y poder materializarlos. De acá salen muchas cosas, muchas conjunciones, muchos proyectos por fuera de acá, y eso me parece súper interesante.
FC: Además de ser lugar de encuentro y de tener una propuesta cultural, ¿qué tiene que tener o qué tiene que ser un bar en 2026 en Argentina, para vos? No en general, sino para vos: ¿cuál es la responsabilidad de los bares con propuesta cultural que reúnen gente?
TL: Para mí, y para la edad que tengo ahora, que no es la misma que tenía hace diez años: que te puedas tomar un buen trago, que sea accesible, que tenga una propuesta. A mí me interesa que suene música en vivo, me interesó siempre y me va a seguir interesando ver bandas en vivo. Y que la gente que viene tenga como un elenco estable, que se sienta como en un club nocturno del cual sos socio, prácticamente. Que te saludes con el de la puerta, con el de la barra, que te conozcan, que sepan quién viene. Y que suene bien, y que los baños funcionen bien, que no siempre es tan fácil.
FC: Esto de salir de la pantalla y salir un poco de la lógica de la época, de volver a encontrarte en un club nocturno, el «tercer espacio» y todo eso, pareciera ser, si se ve de lejos, casi anacrónico. Pero a mí, por lo menos, me pasa que esos análisis sobre que la gente está en la virtualidad y no sé qué se me hacen abstractos. Después te encontrás con que en la vida real no es tan así: la gente sale, se encuentra, se conoce, charla. Quizás menos que antes, no lo sé, y seguro es distinto. Pero ¿cómo es esa movida real de la noche porteña que ves en comparación con esos análisis tan rimbombantes de que la sociedad está rota?
TL: Creo que tienen algo de razón, pero también hay algo medio inquebrantable en la voluntad del ser humano de juntarse, por una cuestión de supervivencia. Eso es inquebrantable: si no cooperáramos entre nosotros no sobreviviríamos a nada. Mano a mano con cualquier animal perdemos, con casi cualquiera —no se vos, yo con un oso pierdo, en general cualquiera perdería con un oso—. Hay algo ahí, está en los genes, y todavía no está completamente cooptado por la inteligencia artificial.
También me parece que hay mucho chamuyo con lo del algoritmo, que a veces es muy fácil echarle la culpa al algoritmo. Obvio que si estás todo el día en el celular —cosa que yo padezco— vas a tener un sesgo, pero apenas salís de tu casa te vas a encontrar con la realidad y te va a chocar, se te va a venir encima. Detrás de los algoritmos todavía hay personas, no tienen una independencia total; detrás de lo que te propone Spotify sigue habiendo una lógica de rotación parecida a la que había por acomodo, por onda o por discográfica, cuando existía la radio o la tele: siempre hubo una lógica de rotar algo hasta que te guste. Eso sigue andando así, y el algoritmo hace que funcione más rápido y vaya más solo, pero…
FC: No es autónomo.
TL: No es autónomo todavía, aunque la tecnología esté para que lo sea. Creo que lo más difícil de acá en adelante es cuán rápido va a cambiar la cosa y cómo vamos a estar parados frente a eso. Creo que va a haber una tendencia, como una contracultura, a armarse las cosas uno mismo, a construirse los espacios uno mismo. El Biri Biri tiene mucho de construcción propia, artesanal, haciendo mucho de la obra nosotros incluso. Creo que va a haber una tendencia a eso también, algo de vuelta a la naturaleza, y algo de eso va a ser necesario para sentirnos más vivos. Porque el tema con la virtualidad es que te chupa mucho, es como un dementor: te chupa mucha energía vital, mucha dopamina, mucha serotonina. Es una cuestión química que genera ansiedad, que genera depresión, que genera comparación. A algunos les cuesta más, a otros menos; a mí me gusta más todavía la vida real.
FC: ¿Qué se viene para el Biri Biri, y qué se viene para Tomi Lago?
TL: Para el Biri Biri se vienen los mejores meses del año, empieza a hacer un poco de calor, así que se vienen unos muy buenos meses, hay mucha programación hasta fin de año. Vamos a hacer un festival, seguramente alguna semana de diciembre, con algunas bandas icónicas sorpresa. Va a estar muy bueno, va a pasar mucha gente por acá. Y en cuanto al disco, lo vamos a reproducir en vivo lo más que se pueda, ya sea a dos guitarras, a una guitarra o con la banda completa. Probablemente hagamos una gira por el conurbano sur, oeste, norte y, en el mejor de los casos, Rosario, Córdoba, Mendoza, quizás el sur.
En cuanto a música nueva, ya estamos componiendo. Con ganas de sacar más música, sí, por supuesto que sí, pero primero quiero defender un poco más el disco. Ya voy preparando la música nueva; para lo que vendrá habrá que encontrarle la razón, tengo cosas sueltas que habrá que conectar. A ver qué pasa, tratar de innovar con algo.






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